MASAJE METAMÓRFICO

 

 

  Esta Terapia es una técnica vibracional, natural y sencilla que nos ayuda a recuperar la salud, la alegría y a vivir más serenamente. Está reconocida como terapia natural que nos ayuda a reconocer y aceptar los bloqueos emocionales que padecemos, al localizar los bloqueos, podemos transformarlos y liberarlos, de esta forma no solo lograremos aceptar dichos bloqueos sino que además aprenderemos a comprenderlos, a aceptar la situación por la que se dio este bloqueo, a escuchar a nuestro propio cuerpo y a ser responsables de nuestros pensamientos, palabras y acciones.

 

Algunos de los efectos que causa una terapia de técnica metamórfica son:

 

  • Sensación de paz interior

  • Relajación acompañada de bienestar

  • Capacidad de reaccionar de forma diferente

  • Activación de la energía vital

 

La técnica metamórfica no es intrusiva pues se trata de que el terapeuta realice una serie de caricias físicas y energéticas en pies, manos y cabeza, pues todas ellas son zonas reflejas de nuestro cuerpo.

Robert St. John desarrolló esta terapia a partir de la Reflexología Podal. Investigando sobre los mapas de los puntos reflejos de los pies, llegó a la conclusión que en algunas zonas, generalmente a lo largo de la cara interna lateral del pie (que correspondería a la columna vertebral), los efectos producidos por la terapia no sólo eran de carácter físico sino que también eran de tipo emocional y psicológico.

Comprobó que todos los acontecimientos producidos a lo largo de la gestación, quedaban registrados en la misma y que trabajando las zonas reflejas, correspondientes a la columna vertebral, se producía un desbloqueo que beneficiaba a los pacientes con problemas de tipo emocional. Se da por sentado, que cualquier estímulo exterior durante el embarazo puede afectar al feto de forma física o psíquica.

Cómo aplicar la técnica metamórfica

Consiste en realizar unos pases con los dedos de la mano, en la cara lateral interna del pie, desde la parte superior del dedo gordo, en la esquina de la uña, hasta el talón y viceversa. De vez en cuando, al llegar al talón, se rodea el empeine hasta pasar por el hueso externo de tobillo y se retrocede hasta alcanzar de nuevo el talón. Se repite la operación en el otro pie.

En las manos el procedimiento es el mismo. Se inicia en la esquina superior de la uña del pulgar, bajando por la parte externa, hasta llegar a la muñeca y se inicia el regreso hacia la parte superior del pulgar. Ocasionalmente, se rodea la muñeca y se repite el recorrido. Realizar la misma operación en la otra mano.

Para la cabeza, el practicante se sitúa detrás del paciente sentado. Con ambas manos, alternándolas, empieza un recorrido que se inicia en la parte superior de la cabeza, en la fontanela, y llega hasta la base del cráneo siguiendo una línea central.

En esta zona los movimientos habrán de ser especialmente suaves ya que la cabeza es muy sensible. También en éste caso se recomienda el silencio, para que el paciente pueda concentrarse más en sus sensaciones.

 

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© Maria Romera Fernández

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