Técnicas de Masaje

 

 

El arte del masaje es tan antiguo como la humanidad; se trata del contacto de la mano con la piel. La base espontánea queda patente a través de nuestras actitudes habituales: frotarse los ojos al despertarnos; cuando nos damos un golpe, lo primero que hacemos es frotarnos la zona…

 

Es la herramienta terapéutica más antigua que el ser humano ha utilizado para proporcionar, de forma natural, alivio al dolor. Forma parte de la cultura médica ancestral de todos los pueblos y está presente en todas las tradiciones.

 

Técnicamente, es un método de valoración, mediante la palpación, y de tratamiento manual, aplicado sobre el cuerpo y transmitido por la presión de las manos a las diferentes partes del cuerpo.

Al tocar con suavidad o mediante una presión mantenida la piel durante el masaje se estimula los mecanorreceptores (receptores sensoriales de los cambios provenientes de la aplicación de la energía mecánica: tacto, presión, vibración). Esto permite “bloquear” el ascenso por la médula espinal de los impulsos dolorosos, transmitidos por los receptores del dolor (los nociceptores), en su camino hacia el encéfalo.

 

Hoy en día, el masaje es considerado como un potente método para tratar el estrés de la vida moderna, la tensión, los traumas emocionales y la enfermedad, reemplazándolas por una energía y salud vibrante.

El instinto nos guiará a través de muchas situaciones con facilidad, gracia y sin daño alguno; apliquemos la magia de esos instintos al masaje y seremos capaces de sentir dónde debemos tocar, cómo tocar y durante cuánto tiempo, a fin de hacer que nuestros receptores se sientan mejor.

 

Centraremos nuestra atención en las tensiones y temores del receptor y observaremos cómo se diluyen. La concentración, aunada a nuestros instintos, nos permitirá sentir la tensión y el temor ocultos profundamente dentro de las articulaciones, músculos, órganos o huesos del receptor.

El masaje terapéutico se utiliza para mejorar la función circulatoria, recuperar la movilidad restringida, aliviar o reducir el dolor… ayuda en la recuperación y mantenimiento de la Salud. Se asocia a la práctica de ejercicio físico o gimnasia suave. Cuida, previene y trata la Salud.

 

El masaje con aceites esenciales es aquel que disuelve los síntomas desencadenantes del estrés, malas posturas, rutina, problemas… con un masaje relajante reforzado con las propiedades de los aceites esenciales. Relaja física y mentalmente. Proporciona vigor al organismo, alivia el cansancio… proporciona calma, seguridad y bienestar…

 

El masaje con aceites esenciales y equilibrado de chakras es aquel que proporciona relajación física y mental, armonizando el cuerpo con los aceites esenciales y disolviendo los bloqueos de los siete chakras básicos, alcanzando un equilibrio tanto físico, como mental como espiritual que es notable desde el momento en que se levanta de la camilla y durante días o semanas.

 

Beneficios del masaje:

  • proporciona relajación y favorece el sueño,
  • aumenta la concentración,
  • proporciona mayor vigor al organismo, aliviando el cansancio,
  • mejora la función circulatoria, favorece el retorno venoso, favorece la eliminación de toxinas,
  • recupera la movilidad restringida,
  • alivia o reduce el dolor,
  • optimiza la conciencia sensorial,
  • elimina los depósitos de grasa, devolviendo al músculo su tono,
  • regula y alivia la tensión psico-física (físicas y emocionales) que genera el estrés,
  • hace desaparecer las contracturas y tensión muscular, o lo que es lo mismo: permite liberar las fibras nerviosas atrapadas por desequilibrios mecánicos en las articulaciones y en los tejidos blandos que la rodean al relajar las áreas en tensión,
  • etc.

Contraindicaciones:

  • No dar masaje durante los tres primeros meses de gestación/embarazo. A partir del cuarto mes sólo se le aplicará masaje en posición sentada o recostada lateralmente, evitando la zona de las lumbares, vientre y tórax.

 

  • En caso de intervención quirúrgica sólo se le aplicará masaje seis meses después de la misma.
  • En enfermedades infecciosas de la piel (hongos, lupus…), con dermatitis alérgica, úlceras por decúbito, quemaduras…
  • Con enfermedades vasculares inflamatorias (flebitis), debilidad vascular y retenciones circulatorias graves.
  • Trombosis o embolia arterial, venas varicosas avanzadas, cardiopatía en general (taquicardias, hipertensión arterial…).
  • Inflamaciones agudas (dolor, calor, rubor y aumento de volumen).
  • Hematomas, heridas sin cicatrizar, hemorragias, esguinces agudos, contusiones de importancia, derrames, desgarros tendinosos.
  • En estados febriles, nauseas, úlceras gástricas o duodenales.
  • Problemas renales en fase aguda (cálculos de riñón).
  • Rotura o desgarro de músculos, tendones, ligamentos.

 

 

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© Maria Romera Fernández

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